La línea Mágica de Montserrat

Las marcas de esta imagen, extraída de Google Maps, se corres ponden con los monasterios benedictinos de Sant Miguel de Cuixá (880), Ripoll (880) y Montserrat. Este último fue erigido por orden del abad Oliva en el año 1025, después de haber vivido en los otros dos y ser nombrado abad de ambos. Se desconocen los motivos que llevaron a este culto abad a elegir la ubicación de la “montaña mágica” en detrimento de Vic, pero indudablemente no fue una enigmática casualidad lo que le llevó a tal decisión. Como intentaré demostrar con las asombrosas coincidencias que detallaré en próximas entradas, la línea recta que une los tres monasterios se parece mucho a las “Leys line” que unen numerosos monumentos megalíticos de la antigüedad.

La primera observación de esta alineación la realizó Martí Pié Boada en cuyo blog podéis ampliar información. http://laocaeneloceano.blogspot.com.es/2009/05/otro-articulo-sobre-montserrat-la-linea.html

Línea_Mágica.jpg

El abad Oliba es considerado el padre espiritual de la Catalunya que nacía a la historia. Potenció la traducción del árabe de importantísimos documentos avanzados al saber de la época y vivió los últimos años de su vida en Sant Miguel de Cuixá, donde pidió ser enterrado por lo mucho que representó en su vida.

Al construir Montserrat, con la evidencia de la conexión con Cuixá, no sólo mostró al mundo aquel remoto y escondido monasterio, sino que señaló con absoluta intención hacia la abadía de Cluny, la más importante de la orden benedictina en toda su historia, en otra coincidencia que es imposible que fuera fruto de otra asombrosa casualidad. ¿Qué sabía Oliba y que quiso mostrar al mundo? En la siguiente comentario os mostraré la prueba evidente de que hay algo más que simples y casuales coincidencias de puntos en el plano.

Cluny Montserrat.jpg

Desde casi el centro de Francia parte una línea que une Cluny con Montserrat pasando por Cuixà y Ripoll. El abad Oliba se formó en Cluny y dirigió los otros dos cenobios y mando edificar Montserrat en una exacta ubicación que no tenía nada que ver con la casualidad - Una larga senda de casi 600 kilómetros, completamente recta, se extiende salvando montañas, collados, cursos de agua o barrancos.

En 1922 Alfred Watkins le dio el nombre de “Ley” a las líneas rectas que unen diversos puntos sagrados del periodo Neolítico.

Estudios posteriores han conformado una tela de araña que cubre el mundo de las señales de una cultura de la que hoy sólo podemos conjeturar como definitoria de corrientes telúricas que sigue el curso de los alineamientos neolíticos y coinciden con líneas que unen los antiguos santuarios cristianizados en nuestro mundo occidental: templos edificados en lugares de un carácter sagrado ya de antiguo, sobre cimas, en cuevas, en confluencias o emergencias de corrientes de agua..., unas zonas en las que se concentra una energía que un día rigió la tierra.

El buen emplazamiento podía ser revelado, sino por conocimiento previo, sí por inspiración o revelación en base a algún hecho excepcional: la primitiva creencia de que los verdaderos centros sagrados podían localizarse por la interpretación de signos y portentos como la aparición de la Señora o de su imagen y por su resistencia imposible de dominar a ser trasladada a otro lugar.

¿Fue una suerte de guía del destino de Oliba su elección como abad de Cuixà y Ripoll y la posterior elección de Sta. María en Montserrat? ¿O fueron, en cambio, unas decisiones tomadas deliberadamente, conocedor el conde, abad y obispo de un saber oculto que un día se extendiera por todo el orbe?

¿Podemos creer que tan sólo se tratase de una simple casualidad? Oliba era hombre de profunda cultura que se preocupó en aumentar el número - hasta triplicarlo - de los volúmenes de la biblioteca de su monasterio de Ripoll y con ello habría accedido sin duda a muchos de los más profundos conocimientos de la época.

Un elemento aparentemente marginal de la personalidad de Oliba nos puede aportar algo más de luz: su firma. Al nombre, más las letras EPS referentes a “obispo” sigue un símbolo: un círculo con una cruz en su interior y, en cada uno de los cuatro espacios que forman los brazos, un punto. Es un símbolo ancestral que aparece en grabados rupestres de sitios tan distantes y diversos como Alemania, el Atlas, la Isla del Hierro, en las culturas de los Dogones en Mali, la de los indios lakotas o arapahoes en EE.UU. o la utilizada por los chamanes mayas, o bien como letra o ideografía en una de las tablillas de Glozel de una presumible edad mínima de 13.000 años, un signo presente en una amplia geografía europea y atlántica.

La cruz con el círculo, la cruz celta, es la ancestral simbología del Todo, del Mundo, símbolo solar, luz de vida, el Todo sin el cual nada existe. La luz. La misma que guió a los pastorcillos en la Santa Cueva de Montserrat o la luz interior que iluminó al abad para que la línea de su vida fuera como la que unía sus tres monasterios con Cluny.

La pervivencia en los albores del segundo milenio de arcanos saberes y creencias druídicas la encontramos en las palabras del monje Garcies de Cuixà, biógrafo de Oliba, donde apreciamos la conexión del abad con el mundo antiguo y de los ángeles a los que quizás halló en su camino: “És aquest lloc, entremig de la partió d’Hispània i de la Gal.lia, en un replec d’arbres antics de dies i de boscatges plens de religió. Diria hom que els àngels vaguen entremig dels troncs. “

En este ultimo mapa de Google se detallan las líneas (leys) compiladas por B.Hagens, en las que su puede comprobar la absolutamente increíble coincidencia con la Ley Yin del vórtice VG20

Leys Cluny Montserrat.jpg

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